El nuevo viajero está cambiando la forma de hacer turismo

Durante años, gran parte de nuestra industria estuvo concentrada en una pregunta:

¿Qué destino quiere conocer el viajero?

La pregunta sigue siendo importante.

Pero creo que hoy resulta insuficiente.

Porque el viajero no solamente está eligiendo dónde quiere ir.

También está decidiendo cómo quiere vivir todo el proceso.

Desde el momento en que comienza a imaginar un viaje hasta que regresa a casa, existen expectativas que han cambiado.

Busca información más rápido.

Compara más.

Pregunta más.

Espera mayor claridad.

Valora la flexibilidad.

Quiere sentirse acompañado cuando lo necesita.

Y tiene acceso a una cantidad de información que hace algunos años simplemente no existía.

Eso está modificando profundamente la manera de hacer turismo.

Y no únicamente para quienes tienen contacto directo con el pasajero.

También para mayoristas, operadores, hoteles, aerolíneas, proveedores y todos quienes formamos parte de la cadena.

Tener más información cambió el punto de partida

Hoy un viajero puede llegar a una agencia con una idea bastante desarrollada de lo que quiere.

Ha visto videos.

Ha leído comentarios.

Ha comparado hoteles.

Ha revisado mapas.

Ha encontrado experiencias.

Incluso puede tener referencias de precios.

Esto podría llevarnos a pensar que la asesoría profesional pierde importancia.

Considero que ocurre exactamente lo contrario.

Cuando existe tanta información disponible, aumenta la necesidad de alguien capaz de interpretarla.

Porque tener muchas opciones no siempre facilita una decisión.

En algunos casos, la hace más compleja.

El valor profesional deja de estar únicamente en entregar información.

Está en ayudar a convertir esa información en una buena decisión.

El producto ya no es suficiente

Dos empresas pueden vender el mismo hotel.

La misma aerolínea.

El mismo circuito.

El mismo destino.

Entonces, ¿dónde está la diferencia?

Cada vez más, en la experiencia alrededor del producto.

La claridad con la que se explica.

La facilidad del proceso.

El conocimiento de quien asesora.

La rapidez de respuesta.

El respaldo.

La forma en que se resuelve una dificultad.

Por eso, competir solamente desde el producto puede convertirse en una estrategia limitada.

El producto importa.

Pero también importa todo lo que ocurre antes, durante y después de la compra.

Personalización no significa complicar

Otro cambio importante está en la expectativa de personalización.

Los viajeros no quieren necesariamente que cada viaje sea diseñado completamente desde cero.

Lo que quieren es sentir que la propuesta tiene sentido para ellos.

Una pareja puede valorar ciertas experiencias.

Una familia con niños tendrá otras necesidades.

Un grupo de amigos puede priorizar actividades distintas.

Un viajero experimentado probablemente necesitará un nivel de acompañamiento diferente al de alguien que visita un destino por primera vez.

Personalizar significa comprender contexto.

Escuchar.

Hacer las preguntas correctas.

Y utilizar el conocimiento disponible para recomendar mejor.

En muchos casos, una pequeña diferencia en la recomendación puede transformar completamente la experiencia.

La facilidad también forma parte del producto

Una de las mayores expectativas actuales es la simplicidad.

Queremos encontrar información fácilmente.

Recibir respuestas claras.

Completar procesos con menos fricción.

Evitar pasos innecesarios.

Esto representa un desafío para toda la industria.

Porque durante años algunos procesos turísticos se construyeron alrededor de las necesidades internas de las empresas.

Hoy necesitamos diseñarlos también desde la perspectiva de quien los utiliza.

¿Es fácil encontrar esta información?

¿La agencia puede cotizar rápidamente?

¿Las condiciones están claras?

¿El cliente entiende qué está comprando?

¿Estamos agregando pasos que realmente no son necesarios?

A veces mejorar la experiencia no requiere una gran transformación tecnológica.

Requiere simplificar.

La tecnología elevó las expectativas

La digitalización no solamente incorporó nuevas herramientas.

También cambió lo que consideramos un tiempo de respuesta aceptable.

Cuando una persona puede consultar información en segundos, resulta más difícil aceptar procesos que requieren demasiado tiempo para una respuesta básica.

Eso obliga a las empresas turísticas a revisar sus operaciones.

Qué puede automatizarse.

Qué información puede estar disponible inmediatamente.

Dónde necesitamos integrar sistemas.

Qué consultas requieren intervención humana.

Y dónde sigue siendo indispensable el criterio profesional.

La tecnología no elimina el servicio.

Eleva el estándar bajo el cual ese servicio será evaluado.

El viajero quiere autonomía y respaldo al mismo tiempo

Existe una aparente contradicción.

El viajero quiere poder hacer más cosas por sí mismo.

Investigar.

Consultar.

Comparar.

Acceder a documentación.

Revisar información.

Pero cuando aparece una situación compleja, quiere encontrar respaldo.

Esto significa que las empresas deben ser capaces de ofrecer ambas cosas.

Autonomía cuando todo funciona.

Acompañamiento cuando se necesita.

Ese equilibrio es importante.

Una experiencia excesivamente dependiente puede resultar lenta.

Una experiencia completamente automatizada puede sentirse insuficiente cuando aparece un problema.

El verdadero desafío es saber dónde debe intervenir cada componente.

La confianza sigue siendo decisiva

Aunque exista más tecnología y más información, hay algo que continúa teniendo enorme valor:

saber con quién estamos trabajando.

El turismo tiene una particularidad.

Muchas veces pagamos antes de recibir la experiencia.

Estamos confiando en que un servicio se cumplirá semanas o incluso meses después.

Por eso la reputación importa.

El respaldo importa.

La trayectoria importa.

La recomendación importa.

Un viajero puede encontrar una oferta atractiva.

Pero cuando existe una inversión significativa, una celebración familiar, un viaje complejo o un destino desconocido, la confianza adquiere otro peso.

La digitalización puede facilitar la transacción.

La confianza facilita la decisión.

Flexibilidad ya no significa ausencia de reglas

Los viajeros también valoran cada vez más comprender qué ocurrirá si sus planes cambian.

Esto no significa que todas las condiciones deban ser flexibles.

Existen tarifas, proveedores y productos con reglas específicas.

Lo importante está en la claridad.

¿Qué puede cambiarse?

¿Qué no?

¿Cuáles son los costos?

¿Qué alternativas existen?

¿Qué ocurre ante determinadas situaciones?

Una buena experiencia comienza también por establecer expectativas correctas.

Porque muchas frustraciones no aparecen necesariamente por una condición.

Aparecen cuando esa condición no fue comprendida.

La transparencia también es servicio.

La agencia evoluciona de fuente de información a fuente de criterio

Durante mucho tiempo, una de las funciones principales de la agencia fue facilitar acceso a información y producto.

Hoy existe mucha más información disponible directamente para el consumidor.

Por eso, el papel de la agencia también evoluciona.

Su valor está cada vez más en:

interpretar;

recomendar;

personalizar;

anticipar;

resolver;

acompañar.

En otras palabras, en aportar criterio.

Una búsqueda puede mostrar cientos de hoteles.

Una buena asesoría ayuda a identificar cuál tiene sentido para ese viajero específico.

Esa diferencia sigue teniendo un enorme valor.

Y el mayorista también debe evolucionar

Si cambia el viajero, cambia la agencia.

Y si cambia la agencia, también debe cambiar el mayorista.

Las agencias necesitan aliados capaces de ayudarlas a responder a estas nuevas expectativas.

Información mejor organizada.

Producto relevante.

Procesos rápidos.

Herramientas.

Capacitación.

Soporte.

Conocimiento.

Capacidad para resolver.

El mayorista ya no puede trabajar únicamente pensando en distribuir producto.

También debe comprender qué necesita la agencia para generar una mejor experiencia hacia su cliente final.

Toda la cadena está conectada.

Escuchar al mercado antes de asumir

Existe otro punto que considero importante.

Las empresas podemos caer fácilmente en la tentación de decidir qué quiere el cliente sin preguntárselo.

Creamos procesos.

Productos.

Servicios.

Campañas.

Y después buscamos convencer al mercado de que los necesita.

Pero una empresa realmente orientada al cliente debería funcionar de otra manera.

Escuchar antes.

Observar.

Preguntar.

Analizar.

Comprender qué dificultades aparecen repetidamente.

Qué está cambiando.

Qué se valora.

Qué genera frustración.

No todas las tendencias merecen transformar una empresa.

Pero todas las empresas necesitan capacidad para escuchar lo que ocurre alrededor.

La experiencia es responsabilidad de toda la cadena

Una de las particularidades del turismo es que la experiencia final depende de múltiples actores.

La agencia puede asesorar perfectamente.

El mayorista puede gestionar correctamente.

Pero también intervienen operadores, hoteles, transportistas, aerolíneas y otros proveedores.

Para el pasajero, sin embargo, todo forma parte del mismo viaje.

Eso significa que cada actor tiene una responsabilidad que trasciende su propio servicio.

La calidad de nuestros aliados importa.

La comunicación importa.

Los acuerdos importan.

La coordinación importa.

Por eso, construir una mejor experiencia exige una cadena más profesional y conectada.

El nuevo viajero también exige mejores empresas

Al final, considero que muchos de los cambios que observamos en el viajero conducen a una conclusión más amplia.

No basta con tener buenos destinos.

Necesitamos mejores organizaciones.

Más ágiles.

Más transparentes.

Más conectadas.

Más preparadas.

Con mejor información.

Con tecnología útil.

Con equipos capaces de interpretar necesidades.

Y con suficiente respaldo para responder cuando las circunstancias cambian.

El viajero está evolucionando.

Y esa evolución obliga a evolucionar a toda la industria.

Porque en el futuro probablemente no ganarán únicamente quienes tengan el mejor producto.

Ganarán quienes sean capaces de construir la mejor combinación entre:

producto, facilidad, conocimiento, confianza y experiencia.

Entender ese cambio no es solamente una cuestión comercial.

Es una decisión estratégica.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

Profesionalizar el turismo es construir mejores empresas

Cuando hablamos de desarrollar el turismo, solemos concentrarnos en destinos.

Infraestructura.

Promoción.

Conectividad.

Producto.

Experiencias.

Todos estos elementos son fundamentales.

Pero existe otra dimensión que considero igual de importante y que, muchas veces, recibe menos atención:

la calidad de las empresas que sostienen la industria.

Porque una industria no se profesionaliza únicamente cuando llegan más viajeros.

Se profesionaliza cuando las organizaciones que forman parte de ella desarrollan mejores procesos, elevan sus estándares, fortalecen sus equipos y adquieren mayor capacidad para responder ante un mercado cada vez más exigente.

En otras palabras:

para construir un mejor turismo, también necesitamos construir mejores empresas.

Operar no es lo mismo que construir empresa

Una organización puede funcionar durante años resolviendo cada situación conforme aparece.

Eso permite operar.

Pero construir empresa exige algo diferente.

Exige convertir experiencia en procesos.

Definir responsabilidades.

Medir resultados.

Desarrollar equipos.

Gestionar riesgos.

Crear estándares.

Y lograr que la organización pueda mantener su calidad incluso cuando aumenta el volumen o cambian las condiciones del mercado.

Esta diferencia es importante.

Porque mientras una operación depende muchas veces de determinadas personas, una empresa profesionalizada construye sistemas que permiten que el conocimiento permanezca y se multiplique.

El desafío no es únicamente hacer bien el trabajo de hoy.

Es preparar la organización para hacerlo mejor mañana.

Los procesos no eliminan la flexibilidad

En ocasiones existe la idea de que profesionalizar significa burocratizar.

No debería ser así.

Un buen proceso no existe para agregar pasos innecesarios.

Existe para reducir errores, generar claridad y permitir que las personas dediquen más tiempo a decisiones que realmente requieren criterio.

En turismo trabajamos con muchas variables.

Una reserva puede involucrar diferentes proveedores, condiciones, fechas, documentos, pagos y responsabilidades.

Cuando cada tarea depende únicamente de la memoria o experiencia individual, aumenta el riesgo.

Cuando existen procesos claros, el equipo puede trabajar con mayor seguridad y capacidad de respuesta.

La estructura no debería frenar una empresa.

Debería permitirle avanzar con mayor confianza.

Los estándares construyen confianza

Profesionalizar también implica definir qué nivel de servicio queremos entregar.

¿Qué significa responder bien?

¿Qué tiempo de respuesta consideramos adecuado?

¿Cómo gestionamos una contingencia?

¿Qué información necesita recibir una agencia?

¿Cómo aseguramos la calidad de nuestros proveedores?

¿Qué hacemos cuando cometemos un error?

Estas preguntas convierten una intención en un estándar.

Y los estándares permiten que la experiencia sea más consistente.

Una empresa que ofrece un buen servicio únicamente cuando participa una persona específica todavía tiene una dependencia importante.

Una organización madura consigue que su nivel de servicio sea reconocible independientemente de quién atienda una operación.

Esa consistencia termina construyendo reputación.

La profesionalización comienza por las personas

Ningún proceso funciona sin personas capaces de ejecutarlo.

Por eso, profesionalizar la industria también significa invertir en talento.

Capacitación.

Conocimiento de producto.

Herramientas.

Idiomas.

Tecnología.

Negociación.

Servicio.

Liderazgo.

Y capacidad para interpretar las necesidades de un cliente.

La industria turística cambia constantemente.

Aparecen nuevos destinos.

Nuevos productos.

Nuevas tecnologías.

Nuevas expectativas.

Por eso el aprendizaje no puede ser una actividad ocasional.

Debe formar parte de la cultura de las organizaciones.

El conocimiento acumulado por un equipo es uno de los activos más importantes que puede tener una empresa turística.

La tecnología debe acompañar la profesionalización

Otro elemento esencial es la tecnología.

No como sustituto de la gestión.

Como herramienta para fortalecerla.

Una empresa puede utilizar tecnología para organizar mejor la información, reducir tiempos, automatizar tareas repetitivas y generar mayor visibilidad sobre su operación.

Pero ninguna plataforma reemplaza una estructura clara.

La tecnología funciona mejor cuando existe una organización preparada para utilizarla.

Digitalizar un proceso mal diseñado no necesariamente genera eficiencia.

Por eso, transformación digital y profesionalización deben avanzar juntas.

Primero comprender cómo queremos trabajar.

Después utilizar tecnología para hacerlo mejor.

Profesionalizar también significa medir

Existe una diferencia importante entre percibir cómo funciona una empresa y conocer realmente cómo funciona.

Medir permite entender.

Tiempos de respuesta.

Niveles de servicio.

Rentabilidad.

Errores recurrentes.

Productividad.

Satisfacción del cliente.

Conversión.

Retención.

Cuando una organización comienza a medir, también comienza a identificar oportunidades de mejora.

Los datos no deben utilizarse únicamente para evaluar resultados.

También deben servir para aprender.

¿Qué estamos haciendo bien?

¿Qué podemos mejorar?

¿Dónde existe fricción?

¿Qué proceso necesita atención?

La profesionalización implica reemplazar parte de la intuición por información sin abandonar el valor de la experiencia.

Una industria fuerte necesita empresas financieramente responsables

Hablar de profesionalización también significa hablar de sostenibilidad financiera.

Una empresa no se fortalece únicamente aumentando ventas.

Necesita comprender su rentabilidad.

Administrar correctamente sus recursos.

Evaluar riesgos.

Mantener liquidez.

Planificar inversiones.

Y diferenciar crecimiento de volumen.

En turismo, donde pueden existir factores externos difíciles de prever, esta disciplina es especialmente importante.

Una organización financieramente sana tiene mayor capacidad para responder ante una crisis, invertir en tecnología, desarrollar talento y sostener relaciones con sus aliados.

La estabilidad financiera no es únicamente un objetivo empresarial.

También es una forma de respaldo hacia todo el ecosistema.

La colaboración eleva a toda la industria

Mayoristas, agencias, operadores, proveedores, aerolíneas, hoteles y destinos forman parte de una misma cadena.

El viajero no siempre distingue dónde comienza la responsabilidad de uno y termina la del otro.

Evalúa la experiencia completa.

Por eso, la profesionalización no puede desarrollarse de forma aislada.

Necesitamos mejores relaciones entre empresas.

Información más clara.

Compromisos mejor definidos.

Capacidad para compartir conocimiento.

Y una visión en la que el crecimiento de un actor no dependa necesariamente de debilitar a otro.

Cuando un proveedor mejora, fortalece la operación del mayorista.

Cuando un mayorista mejora, facilita el trabajo de la agencia.

Cuando una agencia mejora, eleva la experiencia del pasajero.

La calidad se transmite a través de toda la cadena.

Competir mejor también significa colaborar mejor

La competencia es necesaria.

Nos obliga a mejorar.

A innovar.

A entender mejor al mercado.

Pero una industria madura también reconoce los espacios donde la colaboración genera más valor que la competencia.

Formación.

Estándares.

Buenas prácticas.

Información.

Representación del sector.

Desarrollo de talento.

Innovación.

Son áreas donde compartir conocimiento puede elevar el nivel general de la industria.

Profesionalizar no significa que todas las empresas trabajen de la misma manera.

Significa que todas comprendan la responsabilidad que tienen dentro del ecosistema.

El liderazgo tiene una responsabilidad adicional

Quienes dirigimos empresas dentro de la industria también tenemos la responsabilidad de mirar más allá del resultado inmediato.

Construir empresas sólidas significa pensar en continuidad.

En talento.

En cultura.

En nuevas generaciones de líderes.

En mejores prácticas.

Y en una forma de hacer negocios que fortalezca la confianza del mercado.

El liderazgo empresarial también debe contribuir a elevar los estándares de la industria.

No únicamente con discursos.

Con decisiones.

Con procesos.

Con inversión.

Con formación.

Y con la manera en que cada organización decide relacionarse con clientes, colaboradores y aliados.

El turismo que queremos depende de las empresas que construimos

Podemos tener destinos extraordinarios.

Podemos realizar grandes campañas.

Podemos incorporar nuevas tecnologías.

Podemos generar más demanda.

Pero para transformar ese potencial en crecimiento sostenible necesitamos organizaciones capaces de administrarlo.

Empresas con estructura.

Con talento.

Con procesos.

Con responsabilidad financiera.

Con capacidad de innovación.

Y con relaciones construidas sobre confianza.

Por eso considero que profesionalizar el turismo empieza mucho antes de que un viajero llegue a un destino.

Empieza dentro de nuestras propias organizaciones.

En cómo trabajamos.

En cómo decidimos.

En cómo formamos a nuestros equipos.

Y en los estándares que estamos dispuestos a mantener.

Una industria fuerte necesita empresas fuertes.

Y elevar la calidad de nuestras empresas es una de las mejores formas de elevar también el futuro del turismo.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

El futuro del mayorista turístico: de intermediario a integrador de soluciones

Durante muchos años, el papel del mayorista turístico estuvo asociado principalmente con la intermediación.

Su función consistía en conectar productos, destinos y proveedores con las agencias de viajes, facilitando el acceso a tarifas, inventario y condiciones comerciales.

Ese modelo fue importante para el desarrollo de la industria.

Sin embargo, hoy ya no es suficiente.

La digitalización transformó la manera en que las personas buscan, comparan y compran servicios turísticos. También modificó la relación entre proveedores, agencias, operadores y viajeros.

Actualmente, acceder a un producto es relativamente sencillo.

La información está disponible.

Las tarifas pueden compararse en segundos.

Las reservas pueden realizarse desde cualquier lugar.

En ese contexto, el valor del mayorista ya no puede depender únicamente de su capacidad para ofrecer acceso.

Debe depender de su capacidad para integrar.

Del acceso al producto a la integración de soluciones

El mayorista moderno necesita comprender que el producto es solo una parte de la operación.

Las agencias requieren algo más amplio.

Necesitan información clara.

Herramientas eficientes.

Respaldo operativo.

Conocimiento del mercado.

Capacidad de negociación.

Y, sobre todo, una respuesta confiable cuando las circunstancias cambian.

Por eso, el futuro del mayorista no está en actuar como un intermediario pasivo.

Está en convertirse en un integrador de soluciones.

Esto implica conectar tecnología, producto, conocimiento y servicio dentro de una propuesta que permita a las agencias operar con mayor seguridad.

No se trata únicamente de entregar una tarifa.

Se trata de ayudar a construir una solución completa.

El acceso dejó de ser suficiente

En una industria cada vez más conectada, muchas empresas pueden acceder a productos similares.

La diferencia ya no está solamente en lo que se ofrece.

Está en cómo se responde.

Una tarifa competitiva puede abrir una conversación.

Pero difícilmente construye una relación duradera por sí sola.

Las agencias valoran cada vez más la claridad de la información, la agilidad de los procesos, el conocimiento del producto y la capacidad de resolver situaciones complejas.

Cuando todos pueden acceder a una oferta, la verdadera diferenciación aparece en el servicio, el respaldo y la confianza.

Por eso, el mayorista que base toda su propuesta en precio corre el riesgo de convertirse en un actor fácilmente reemplazable.

En cambio, aquel que aporta criterio, acompañamiento y capacidad de respuesta fortalece su posición dentro del ecosistema.

El respaldo se vuelve visible cuando aparecen los problemas

En turismo, una operación puede cambiar en cualquier momento.

Una cancelación.

Un cambio de itinerario.

Una modificación de condiciones.

Una contingencia externa.

Una necesidad especial del pasajero.

Es en esos momentos cuando el valor del mayorista deja de ser teórico.

El respaldo no se demuestra cuando todo funciona correctamente.

Se demuestra cuando algo deja de funcionar.

Una plataforma puede procesar una reserva.

Pero una situación compleja requiere análisis, criterio y coordinación.

Requiere personas que comprendan la operación y puedan responder con responsabilidad.

Por eso, la digitalización debe fortalecer el servicio, no reemplazarlo.

La tecnología puede agilizar procesos.

Puede reducir tiempos.

Puede organizar información.

Puede mejorar la trazabilidad.

Pero la capacidad de resolver continúa dependiendo de la calidad de la gestión.

Una relación de interdependencia

El turismo B2B funciona como un ecosistema.

Los proveedores necesitan canales sólidos para distribuir sus productos.

Las agencias necesitan aliados confiables para construir propuestas competitivas.

Y los mayoristas necesitan combinar producto, conocimiento y respaldo para generar valor.

Ningún actor crece de manera sostenible si intenta funcionar de forma aislada.

La relación entre agencias, proveedores y mayoristas debe evolucionar desde una lógica exclusivamente transaccional hacia una lógica de colaboración.

Eso significa compartir información.

Comprender las necesidades del mercado.

Anticipar cambios.

Construir productos relevantes.

Y asumir responsabilidades claras dentro de la cadena.

Cuando cada actor entiende su papel, la industria se fortalece.

Cuando la relación se limita únicamente a precio y volumen, el vínculo se vuelve frágil.

De proveedor a socio estratégico

Un proveedor entrega un producto o servicio.

Un socio estratégico ayuda a tomar mejores decisiones.

Esa diferencia será cada vez más importante.

El mayorista del futuro deberá ser capaz de interpretar tendencias, identificar oportunidades, simplificar procesos y aportar soluciones que fortalezcan la operación de las agencias.

También deberá conocer mejor a sus aliados.

Entender sus mercados.

Reconocer sus desafíos.

Y acompañar su crecimiento.

Convertirse en socio estratégico no significa intervenir en cada decisión del cliente.

Significa estar preparado para aportar valor más allá de la transacción.

Significa que la agencia pueda encontrar no solo una tarifa, sino también experiencia, respaldo y criterio.

La tecnología como aliada del modelo

La tecnología debe ocupar un lugar central en esta evolución.

Pero no como una finalidad.

Una empresa no se transforma simplemente por incorporar nuevas herramientas.

Se transforma cuando esas herramientas mejoran la forma en que trabaja, decide y sirve.

En el caso del turismo B2B, la tecnología puede facilitar reservas, automatizar procesos, centralizar información, mejorar la comunicación y ofrecer mayor visibilidad sobre las operaciones.

Sin embargo, su verdadero impacto aparece cuando está acompañada por conocimiento y una cultura orientada al servicio.

Digitalizar un proceso deficiente no resuelve el problema.

Solo lo hace más rápido.

Por eso, la transformación debe combinar tecnología con estructura, capacitación y criterio empresarial.

El nuevo valor del mayorista

El mayorista turístico no está desapareciendo.

Está redefiniéndose.

Su futuro dependerá de la capacidad para superar la función tradicional de intermediación y convertirse en una plataforma de respaldo, conocimiento y soluciones.

El mercado ya no necesita únicamente más opciones.

Necesita mejores respuestas.

Necesita empresas que puedan integrar eficiencia tecnológica con experiencia humana.

Necesita aliados que comprendan que cada operación forma parte de una relación de largo plazo.

La digitalización cambia la forma de trabajar.

Pero la confianza sigue definiendo con quién decidimos trabajar.

Ese será el verdadero valor del mayorista moderno.

No estar entre el proveedor y la agencia.

Sino estar al lado de ambos, ayudando a construir una industria más eficiente, profesional y preparada para el futuro.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

Aspen Snowmass: mucho más que un destino para esquiar

Recientemente tuve la oportunidad de conversar con Virginia Infante en Su Mundo Cumbayá sobre un destino con el que he mantenido una relación profesional y personal durante más de tres décadas: Aspen Snowmass.

Hablar de Aspen Snowmass suele llevarnos inmediatamente al esquí. Es comprensible. Se trata de uno de los destinos de nieve más reconocidos de Estados Unidos y cuenta con una infraestructura extraordinaria para quienes practican este deporte.

Sin embargo, después de acompañar a numerosas familias ecuatorianas durante tantos años, puedo afirmar que Aspen Snowmass es mucho más que un lugar para esquiar.

Es una experiencia integral.

No es necesario saber esquiar para disfrutar del destino

Uno de los mitos más frecuentes es pensar que Aspen Snowmass está reservado para personas que ya saben esquiar.

La realidad es completamente distinta.

El destino cuenta con una de las escuelas de esquí más reconocidas, preparada para recibir tanto a niños como a adultos que nunca han practicado este deporte.

Las clases pueden adaptarse a diferentes edades, ritmos y niveles de experiencia. Esto permite que una persona que llega por primera vez pueda aprender de manera segura, progresiva y personalizada.

Precisamente por eso considero que es un destino ideal para compartir en familia.

Mientras algunos integrantes pueden disfrutar de pistas más avanzadas, otros pueden recibir clases, realizar actividades alternativas o simplemente aprovechar el entorno, los restaurantes y los espacios de descanso.

Nadie tiene que quedarse fuera de la experiencia.

Un viaje que puede convertirse en una tradición familiar

Uno de los aspectos que más valoro de representar Aspen Snowmass durante más de 30 años es haber acompañado a familias a lo largo de distintas generaciones.

Hemos trabajado con padres que viajaron inicialmente con sus hijos y que, años después, regresaron acompañados por sus nietos.

Cuando un viaje consigue repetirse de esa manera, deja de ser solamente unas vacaciones.

Se convierte en una tradición.

Aspen Snowmass tiene la capacidad de crear ese tipo de recuerdos porque ofrece actividades y experiencias para cada momento de la vida.

Para un niño puede significar aprender a esquiar por primera vez.

Para un adolescente, compartir una aventura con su familia.

Para un adulto, encontrar un espacio para descansar, disfrutar de la gastronomía o reconectarse con la naturaleza.

El destino evoluciona con cada viajero.

Dos ambientes que se complementan

Aunque suelen mencionarse como una sola experiencia, Aspen y Snowmass tienen personalidades diferentes.

Snowmass ofrece un ambiente tranquilo, amplio y especialmente cómodo para las familias. Su organización permite integrar alojamiento, actividades y acceso a la montaña de una manera muy práctica.

Es un entorno que facilita compartir tiempo juntos sin que cada integrante de la familia tenga que renunciar a sus intereses.

Aspen, por su parte, posee una vida social, cultural y gastronómica muy particular.

Sus restaurantes, tiendas, galerías, eventos y espacios de entretenimiento complementan perfectamente la experiencia de montaña.

Esta combinación permite que cada viajero diseñe el viaje de acuerdo con sus preferencias.

Se puede disfrutar de la tranquilidad y el ambiente familiar de Snowmass, y al mismo tiempo acceder al dinamismo, la cultura y el estilo de vida de Aspen.

Una experiencia que va más allá de la nieve

El esquí es uno de los principales atractivos, pero no es el único.

Aspen Snowmass ofrece restaurantes de primer nivel, experiencias gastronómicas, compras, actividades al aire libre, festivales, eventos deportivos y espacios diseñados para disfrutar del paisaje.

También es un lugar para detenerse.

Para cambiar de ritmo.

Para compartir una conversación sin las interrupciones habituales de la vida cotidiana.

En muchas ocasiones, los recuerdos más importantes del viaje no ocurren necesariamente en una pista.

Ocurren alrededor de una mesa.

Durante una caminata.

En el momento en que una familia celebra el primer descenso de uno de sus integrantes.

O simplemente al contemplar juntos el entorno.

Esa combinación entre aventura, bienestar y conexión familiar es parte de lo que hace tan especial al destino.

El valor de planificar con respaldo especializado

Un viaje a la nieve requiere una planificación distinta a la de otros destinos.

Es necesario considerar el nivel de experiencia de cada viajero, la ubicación del alojamiento, las clases, los equipos, los traslados, las actividades complementarias y las condiciones específicas de cada familia.

Una recomendación adecuada puede marcar una gran diferencia.

No todas las personas necesitan el mismo programa.

Una familia que viaja con niños pequeños tendrá prioridades diferentes a las de una pareja o un grupo de esquiadores experimentados.

Por eso, nuestra responsabilidad como mayorista especializada no consiste únicamente en ofrecer un producto.

Consiste en escuchar, orientar y ayudar a construir una experiencia coherente con las expectativas de cada pasajero.

Gracias a nuestra representación oficial de Aspen Snowmass, en Promociones Lujor podemos ofrecer asesoría integral, beneficios exclusivos y acompañamiento durante la planificación y la logística del viaje.

El objetivo es que las agencias y los pasajeros cuenten con respaldo desde el primer momento y puedan disfrutar del destino con tranquilidad.

Un destino para descubrir a cualquier edad

Después de más de tres décadas trabajando con Aspen Snowmass, sigo encontrando nuevas razones para recomendarlo.

Es un destino para quienes aman el esquí, pero también para quienes quieren aprender.

Para quienes buscan aventura, pero también para quienes necesitan descansar.

Para quienes disfrutan de la gastronomía, las compras, la cultura o el contacto con la naturaleza.

Y, especialmente, para las familias que desean construir recuerdos juntos.

Aspen Snowmass demuestra que un viaje puede ser mucho más que una suma de actividades.

Puede convertirse en una experiencia que conecta generaciones.

Y esa es, probablemente, una de las mejores razones para descubrirlo.

Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

Cultura empresarial: la ventaja competitiva invisible

Cuando se habla de ventajas competitivas, normalmente pensamos en innovación, tecnología, infraestructura o posicionamiento de mercado.

Son elementos importantes.

Pero existe una ventaja mucho más poderosa y, al mismo tiempo, menos visible.

La cultura.

No la cultura que aparece en una presentación corporativa.

Ni la que se imprime en una pared.

Ni la que se menciona durante una reunión.

La cultura real.

La que se vive todos los días.

He aprendido que la cultura no es lo que una organización declara.

La cultura es lo que permite.

Es aquello que tolera.

Aquello que reconoce.

Y aquello que corrige.

Por eso, cuando una empresa atraviesa momentos de presión, la cultura deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una realidad tangible.

Es en esos momentos donde se revela quiénes somos realmente como organización.

Cuando aparecen desafíos operativos.

Cuando el mercado cambia.

Cuando los resultados no son los esperados.

Cuando las decisiones difíciles no pueden postergarse.

La cultura define cómo reaccionamos.

También determina algo igual de importante: la coherencia.

Toda empresa tiene un discurso.

Pero no todas logran que ese discurso coincida con sus acciones.

Los colaboradores perciben rápidamente cuándo existe una brecha entre lo que se dice y lo que realmente ocurre.

Y cuando esa brecha crece, la confianza se debilita.

Por el contrario, cuando existe coherencia entre los valores declarados y las decisiones que se toman, la cultura se fortalece.

Y una cultura fuerte genera compromiso.

Genera confianza.

Genera estabilidad.

En una industria como la turística, donde convivimos con cambios permanentes, ciclos económicos variables y altos niveles de exigencia, la cultura se convierte en un factor decisivo.

Porque las estrategias pueden modificarse.

Los mercados pueden cambiar.

Incluso los modelos de negocio pueden evolucionar.

Pero una cultura sólida permite que las organizaciones se adapten sin perder su identidad.

Por eso considero que las empresas más resilientes no son necesariamente las que tienen más recursos.

Son aquellas que han construido una cultura capaz de sostener el crecimiento, enfrentar la incertidumbre y mantener la dirección cuando las condiciones cambian.

Una empresa fuerte no se define únicamente por su estrategia.

Se define por la cultura que respalda esa estrategia.

Y esa es una ventaja competitiva que difícilmente puede copiarse.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

Liderar en turismo: decisiones que no siempre se ven

El liderazgo en la industria turística suele evaluarse por resultados visibles.

Ventas. Expansión. Reconocimiento.

Pero muchas de las decisiones más importantes no se ven. Se toman en silencio.

Decidir no asumir un riesgo financiero desproporcionado.
Elegir fortalecer procesos antes de crecer.
Priorizar cultura sobre volumen.

En una industria donde los ciclos económicos y políticos impactan rápidamente, el liderazgo requiere equilibrio.

Ni exceso de conservadurismo ni impulsividad.

Liderar es entender que cada decisión tiene impacto en colaboradores, aliados y clientes.

Y que la sostenibilidad no es un discurso, es una práctica constante.

El turismo necesita líderes que piensen en el siguiente trimestre.

Pero también en la próxima década.

Construir empresa no es acumular temporadas exitosas.

Es sostener estructura en cualquier escenario.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

No todo crecimiento es buen crecimiento

Cuando hablamos de crecimiento empresarial, casi siempre lo asociamos con algo positivo.

Más clientes.

Más ventas.

Más mercados.

Más oportunidades.

Y aunque el crecimiento es una aspiración natural para cualquier organización, con el tiempo he aprendido que existe una pregunta mucho más importante que pocas veces nos hacemos:

¿Estamos preparados para crecer al ritmo que queremos crecer?

Porque no todo crecimiento fortalece una empresa.

Algunas veces, incluso puede debilitarla.

En la industria turística esto ocurre con más frecuencia de lo que parece.

La presión por aprovechar oportunidades, abrir nuevos mercados o incrementar resultados puede llevar a tomar decisiones aceleradas.

Sin embargo, crecer sin estructura suele tener consecuencias que aparecen más adelante.

Procesos que dejan de funcionar.

Equipos que se sobrecargan.

Niveles de servicio que se deterioran.

Y organizaciones que comienzan a perder aquello que las hizo exitosas en primer lugar.

Durante años hemos escuchado que las empresas deben crecer constantemente.

Pero pocas veces hablamos de la importancia de fortalecer primero los cimientos.

La estructura.

La cultura.

Los procesos.

La capacidad operativa.

La sostenibilidad financiera.

Porque el crecimiento no debería medirse únicamente por el volumen que una empresa alcanza.

También debe medirse por su capacidad para sostenerlo.

He comprobado que algunas de las mejores decisiones empresariales no consisten en avanzar más rápido.

Consisten en detenerse a tiempo.

Evaluar.

Reordenar.

Fortalecer.

Y preparar a la organización para el siguiente nivel.

Decir «todavía no» a una oportunidad puede ser tan valioso como decir «sí».

Especialmente cuando esa decisión protege el futuro de la empresa.

En turismo trabajamos en una industria dinámica, sensible a cambios económicos, sociales y geopolíticos.

Por eso el crecimiento sostenible debe estar por encima del crecimiento impulsivo.

No se trata de crecer menos.

Se trata de crecer mejor.

Porque al final, el éxito no está determinado únicamente por cuánto crece una organización.

Sino por cuánto tiempo es capaz de sostener ese crecimiento.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

El valor de las relaciones en una industria que conecta personas

Vivimos una época en la que prácticamente todo puede gestionarse desde una pantalla.

Reservas, negociaciones, reuniones, contratos e incluso experiencias de viaje pueden comenzar con un clic.

Sin embargo, hay algo que sigue siendo imposible de reemplazar: la confianza que se construye cuando las personas se encuentran.

A lo largo de mi trayectoria en la industria turística he comprobado que las relaciones más sólidas no nacen de una transacción. Nacen de una conversación.

Una conversación que permite entender desafíos, identificar oportunidades y descubrir puntos en común que difícilmente aparecen en un correo electrónico o en una reunión virtual.

El turismo es, por definición, una industria de conexiones.

Conecta destinos con viajeros.

Conecta culturas.

Conecta experiencias.

Pero también conecta empresas, profesionales y organizaciones que comparten el objetivo de construir un sector más fuerte y sostenible.

Por eso considero que los espacios de encuentro entre agencias, operadores, mayoristas y aliados estratégicos siguen siendo tan relevantes.

No porque permitan presentar productos.

Sino porque generan algo mucho más valioso: relaciones.

Y las relaciones generan confianza.

La confianza genera oportunidades.

Y las oportunidades impulsan el crecimiento.

Muchas veces se habla del futuro del turismo desde la tecnología, la inteligencia artificial o la transformación digital.

Todos son temas importantes.

Pero ninguna herramienta tecnológica sustituye la capacidad de mirar a alguien a los ojos, escuchar sus necesidades y construir una relación basada en credibilidad y compromiso.

El verdadero crecimiento de nuestra industria dependerá siempre de nuestra capacidad para colaborar.

De compartir conocimiento.

De construir alianzas.

Y de trabajar con una visión común.

Porque el turismo no avanza únicamente por la fortaleza de una empresa.

Avanza cuando todo el ecosistema crece junto.

Hoy más que nunca, la confianza sigue siendo uno de los activos más importantes de nuestro sector.

Y la confianza sigue teniendo un origen profundamente humano.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

El turismo como industria, no solo como experiencia

Cuando hablamos de turismo, la conversación suele centrarse en destinos, experiencias y emociones.

Y es lógico.

Al final, el viajero recuerda lugares, personas y momentos.

Sin embargo, quienes trabajamos dentro de esta actividad sabemos que existe una realidad menos visible, pero igualmente importante: el turismo es una industria.

Una industria que genera empleo, impulsa economías locales, conecta mercados y moviliza inversiones.

Detrás de cada experiencia exitosa existe una cadena de valor compuesta por agencias, mayoristas, operadores, aerolíneas, hoteles, proveedores y equipos humanos que trabajan de forma coordinada para que todo funcione correctamente.

Por eso considero que uno de los grandes desafíos que enfrenta el sector es dejar de ver el turismo únicamente como una experiencia y comenzar a gestionarlo como una industria.

La diferencia parece sutil, pero cambia completamente la manera de tomar decisiones.

Cuando se piensa únicamente en la experiencia, las prioridades suelen concentrarse en la promoción y la comercialización.

Cuando se entiende el turismo como una industria, aparecen otros factores igual de importantes:

  • Profesionalización.
  • Estructura empresarial.
  • Gestión de riesgos.
  • Innovación.
  • Formación de talento.
  • Sostenibilidad financiera.

La competitividad del sector no depende únicamente de atraer más viajeros.

También depende de la capacidad que tengan las empresas para responder a mercados cada vez más exigentes y dinámicos.

En Ecuador tenemos una gran oportunidad.

Contamos con recursos naturales extraordinarios, una ubicación privilegiada y una oferta turística diversa.

Pero para convertir ese potencial en crecimiento sostenible necesitamos fortalecer la estructura empresarial que sostiene la actividad.

Las empresas tienen un rol fundamental en este proceso.

Invertir en procesos, fortalecer equipos, desarrollar liderazgos y construir relaciones de largo plazo son acciones que generan un impacto mucho más profundo que cualquier resultado de corto plazo.

El turismo seguirá siendo una experiencia para quienes viajan.

Pero para quienes tenemos la responsabilidad de construirlo y desarrollarlo, seguirá siendo una industria que requiere visión, organización y compromiso.

Porque el crecimiento sostenible no es producto de la improvisación.

Es consecuencia de una industria que entiende su responsabilidad y trabaja para fortalecerla cada día.