Especializarse para competir: por qué intentar vender de todo puede diluir el valor

Durante mucho tiempo, crecer significó ampliar.

Más destinos.

Más productos.

Más segmentos.

Más mercados.

Más opciones.

Y existe una lógica válida detrás de esa estrategia.

Cuanto mayor sea la oferta, mayores podrían ser las oportunidades comerciales.

Sin embargo, en mercados cada vez más competitivos aparece otra pregunta:

¿Realmente necesitamos estar en todo para ser relevantes?

Mi experiencia me ha llevado a pensar que no necesariamente.

En algunos casos, intentar ofrecer absolutamente todo puede terminar debilitando aquello por lo que una empresa debería ser reconocida.

Porque una cosa es tener amplitud de producto.

Y otra muy diferente es tener profundidad de conocimiento.

Más opciones no siempre significan mayor valor

Hoy prácticamente cualquier empresa turística puede acceder a una oferta muy amplia.

Destinos.

Hoteles.

Circuitos.

Cruceros.

Experiencias.

Plataformas.

Proveedores.

La disponibilidad de producto dejó de ser, por sí sola, una diferenciación suficiente.

Cuando todos pueden ofrecer algo parecido, el cliente comienza a evaluar otras variables.

¿Quién conoce realmente este producto?

¿Quién puede asesorarme mejor?

¿Quién tiene relaciones sólidas con los proveedores?

¿Quién comprende las particularidades del segmento?

¿Quién puede responder cuando surge una situación especial?

Ahí aparece el valor de la especialización.

Especializarse no significa vender una sola cosa

Existe una interpretación equivocada de este concepto.

Especializarse no significa necesariamente reducir una empresa a un único destino o producto.

Significa desarrollar capacidades claramente reconocibles en determinadas áreas.

Una empresa puede tener una oferta amplia y, al mismo tiempo, construir especialización.

Puede ser particularmente fuerte en:

  • viajes de nieve;
  • viajes familiares;
  • cruceros;
  • destinos de larga distancia;
  • grupos;
  • turismo de lujo;
  • experiencias especiales;
  • determinados mercados geográficos.

La diferencia está en el nivel de conocimiento y respaldo que existe detrás de la oferta.

El conocimiento profundo cambia la conversación

Existe una gran diferencia entre saber que un producto existe y comprenderlo realmente.

Cuando conocemos profundamente un destino podemos responder preguntas más relevantes.

¿Cuál es la mejor temporada?

¿Qué zona tiene mayor sentido para determinado viajero?

¿Qué hotel funciona mejor para una familia?

¿Qué actividades requieren reserva anticipada?

¿Qué errores suelen cometer quienes visitan por primera vez?

¿Qué expectativas debemos gestionar?

¿Qué alternativa recomendamos cuando una primera opción no está disponible?

Esas respuestas no nacen de un catálogo.

Nacen de conocimiento acumulado.

Y ese conocimiento aumenta la confianza.

La especialización también mejora la venta

Cuando una persona domina un producto, vende de manera diferente.

No necesita depender únicamente de una tarifa.

Puede explicar.

Comparar.

Recomendar.

Anticipar objeciones.

Identificar oportunidades.

Adaptar la propuesta al cliente.

Eso mejora la calidad de la conversación comercial.

Especialmente en turismo B2B, donde la agencia necesita confiar en que la información que recibe le permitirá asesorar correctamente al pasajero.

Por eso, el conocimiento especializado no es solo un atributo técnico.

También es una herramienta comercial.

La especialización construye autoridad

Hay empresas que el mercado recuerda inmediatamente cuando aparece determinada necesidad.

Eso no ocurre por casualidad.

Se construye con tiempo.

Con producto.

Con capacitación.

Con relaciones.

Con presencia.

Con consistencia.

Cuando una empresa logra ser asociada naturalmente con un determinado destino, segmento o tipo de experiencia, ha construido una posición mental.

Y esa posición tiene valor.

Porque cuando aparece la necesidad, también aparece el nombre de la empresa.

Ese es uno de los resultados más importantes de la especialización.

No tener que explicar constantemente por qué somos relevantes.

El mercado comienza a reconocerlo.

La profundidad requiere inversión

Especializarse no consiste únicamente en declararse especialista.

Requiere inversión.

Conocer el producto.

Visitarlo cuando sea posible.

Mantener relaciones directas con proveedores.

Capacitar al equipo.

Actualizar información.

Comprender condiciones.

Analizar el comportamiento del mercado.

Crear herramientas comerciales.

Acompañar a las agencias.

Y aprender de cada operación.

La especialización se demuestra.

No se coloca solamente en una presentación.

También implica saber qué no perseguir

Esta es quizá una de las partes más difíciles de cualquier estrategia.

Elegir significa renunciar.

Cuando una empresa intenta aprovechar cada oportunidad que aparece, puede terminar distribuyendo demasiados recursos entre iniciativas que no construyen una posición clara.

Tiempo.

Equipo.

Capital.

Atención.

Capacidad comercial.

Todos son recursos limitados.

La estrategia consiste, en parte, en decidir dónde pueden generar mayor valor.

Por eso, decir “esto no es nuestra prioridad” puede ser una decisión tan importante como identificar una nueva oportunidad.

La especialización fortalece las relaciones con proveedores

Existe además una dimensión B2B importante.

Cuando una empresa desarrolla volumen, conocimiento y posicionamiento alrededor de determinados productos, puede construir relaciones más profundas con sus proveedores.

Eso permite:

comprender mejor la oferta;

acceder a información más relevante;

coordinar acciones;

desarrollar oportunidades conjuntamente;

mejorar la capacidad de respuesta.

La relación deja de ser únicamente transaccional.

Existe un interés compartido en desarrollar el mercado.

Y cuando esa relación se fortalece, también aumenta el valor que puede llegar hasta la agencia.

El mayorista especializado tiene otra responsabilidad

Especializarse no significa guardar conocimiento.

Significa compartirlo.

Si un mayorista desarrolla experiencia alrededor de un destino, parte de su responsabilidad está en transferir ese conocimiento hacia las agencias.

Capacitaciones.

Información.

Materiales.

Recomendaciones.

Actualizaciones.

Acompañamiento.

La agencia debería poder vender mejor como consecuencia de trabajar con un mayorista especializado.

Si el conocimiento se queda únicamente dentro de la empresa, estamos desaprovechando una parte importante de su valor.

La agencia también puede especializarse

Esta lógica no aplica solamente al segmento mayorista.

También representa una oportunidad para las agencias.

En un mercado donde el viajero puede acceder directamente a prácticamente cualquier producto, la especialización puede convertirse en una forma poderosa de diferenciación.

Una agencia que conoce profundamente un segmento puede construir una relación distinta con su cliente.

No compite solamente por encontrar una tarifa.

Compite por experiencia.

Por criterio.

Por capacidad para entender necesidades particulares.

Y por conocimiento acumulado.

Eso puede ser especialmente valioso en viajes de mayor complejidad o inversión.

El cliente no siempre busca más opciones

A veces confundimos servicio con cantidad.

Pensamos que entregar quince alternativas demuestra mayor trabajo que presentar tres.

Pero para un cliente, demasiadas opciones también pueden generar dificultad.

Una buena asesoría muchas veces consiste precisamente en reducir.

Analizar.

Filtrar.

Y presentar aquello que realmente tiene sentido.

La especialización permite hacer eso mejor.

Porque quien conoce profundamente un producto tiene mayor capacidad para determinar qué alternativa corresponde a cada situación.

La tecnología hace más importante la especialización

Puede parecer contradictorio.

Si la tecnología hace que exista más información disponible, podríamos pensar que el conocimiento especializado pierde valor.

Pero creo que sucede lo contrario.

La información se convierte en un commodity.

Todos pueden acceder a ella.

Lo valioso pasa a ser:

interpretarla;

contextualizarla;

validarla;

aplicarla.

La inteligencia artificial y las nuevas plataformas permitirán encontrar información cada vez más rápido.

Por eso, el profesional turístico necesitará aportar algo más que información.

Necesitará aportar criterio.

Y el criterio se fortalece con especialización.

Especializarse también permite comunicar mejor

Existe otra ventaja.

Una empresa que sabe cuáles son sus fortalezas puede construir una comunicación mucho más clara.

En lugar de intentar hablar de todo, puede desarrollar autoridad alrededor de determinados temas.

Contenido.

Capacitaciones.

Eventos.

Experiencias.

Casos.

Relaciones.

El mercado comienza a comprender con mayor facilidad qué representa esa empresa.

La claridad de posicionamiento también facilita la decisión comercial.

Cuando intentamos ser todo para todos, existe el riesgo de terminar siendo poco memorables para cualquiera.

Amplitud y especialización pueden convivir

No planteo esta conversación como una elección absoluta.

Una empresa turística puede necesitar una oferta amplia.

Especialmente cuando trabaja con clientes que tienen necesidades diversas.

La clave está en diferenciar entre:

lo que podemos vender

y

aquello por lo que queremos ser reconocidos.

Podemos comercializar múltiples productos.

Pero debemos saber dónde tenemos una ventaja más profunda.

Dónde acumulamos conocimiento.

Dónde existen mejores relaciones.

Dónde podemos aportar más valor.

Dónde queremos construir autoridad.

Esa claridad permite asignar mejor los recursos.

Una ventaja que se acumula

La especialización tiene otra característica interesante.

Se fortalece con el tiempo.

Cada operación aumenta conocimiento.

Cada cliente aporta aprendizaje.

Cada relación con un proveedor genera contexto.

Cada problema resuelto mejora la capacidad futura.

Cada capacitación desarrolla al equipo.

Es un activo acumulativo.

Y esa acumulación crea una ventaja que resulta mucho más difícil de copiar que una tarifa.

Competir no significa estar en todas partes

En un entorno de alta competencia existe una tentación natural por ampliar constantemente.

Pero una empresa también puede crecer profundizando.

Mejorando aquello que ya conoce.

Construyendo mejores relaciones.

Desarrollando más conocimiento.

Ganando reputación en determinados segmentos.

Fortaleciendo la propuesta que ya tiene.

Crecimiento no siempre significa hacer más cosas.

A veces significa hacer algunas cosas mucho mejor.

La pregunta estratégica

Cada empresa debería poder responder:

¿En qué queremos que el mercado piense inmediatamente cuando piense en nosotros?

La respuesta no puede ser demasiado amplia.

“Buen servicio.”

“Buenas tarifas.”

“Muchas opciones.”

Son atributos importantes, pero difíciles de convertir en una posición distintiva.

La especialización obliga a ser más específicos.

¿Qué sabemos particularmente bien?

¿Dónde tenemos verdadera experiencia?

¿Qué tipo de problema resolvemos mejor?

¿Qué relación podemos ofrecer que otros no han construido?

¿Qué segmento entendemos profundamente?

Ahí comienza la diferenciación.

Ser relevantes antes que estar en todo

El turismo continuará ampliando su oferta.

Existirán más productos.

Más canales.

Más tecnología.

Más posibilidades.

Y probablemente más competencia.

En ese escenario, intentar estar en todas partes puede consumir enormes cantidades de recursos.

Por eso considero que una estrategia sólida necesita saber elegir.

Elegir dónde invertir.

Qué conocimiento desarrollar.

Qué relaciones profundizar.

Qué capacidades construir.

Y qué queremos representar frente al mercado.

Especializarse no significa cerrar puertas.

Significa construir una razón más fuerte para que determinadas puertas se abran.

Porque al final, competir no consiste únicamente en tener algo para vender.

Consiste en ser especialmente valioso cuando alguien necesita aquello que sabemos hacer mejor.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M

Cuando el precio deja de ser suficiente: competir por valor en turismo B2B

El precio importa.

Negarlo sería desconocer una parte esencial de cualquier negociación.

Las agencias comparan.

Los clientes comparan.

Los proveedores negocian.

Y todos buscamos condiciones que permitan construir negocios sostenibles.

Pero después de muchos años trabajando en turismo, considero que existe una pregunta mucho más relevante que simplemente saber quién tiene la tarifa más baja:

¿Qué estamos recibiendo realmente a cambio de ese precio?

Porque dos propuestas pueden parecer similares en una cotización y ser completamente diferentes cuando comienza la operación.

Ahí aparece el concepto de valor.

El precio es visible. El valor no siempre lo es.

Una tarifa puede compararse rápidamente.

Un número es sencillo.

Podemos colocar dos opciones una al lado de la otra y determinar cuál cuesta menos.

El valor es más complejo.

Incluye elementos que muchas veces solo se vuelven evidentes durante la relación:

  • calidad de la información;
  • velocidad de respuesta;
  • conocimiento del producto;
  • estabilidad de las condiciones;
  • capacidad para resolver;
  • respaldo;
  • experiencia;
  • relaciones con proveedores;
  • claridad en la comunicación.

Todo esto tiene valor.

Aunque no siempre aparezca explícitamente en una cotización.

El problema de competir únicamente por precio

Cuando una empresa decide competir exclusivamente desde precio, entra en una dinámica difícil de sostener.

Siempre puede aparecer alguien dispuesto a vender más barato.

Y después alguien más.

Si el único argumento que tenemos frente al mercado es una diferencia económica, la relación será vulnerable cada vez que otro competidor modifique su tarifa.

Eso no significa ignorar la competitividad.

Una empresa debe cuidar precios, costos y condiciones.

Pero necesita construir una propuesta que pueda responder una pregunta adicional:

¿Por qué alguien debería seguir trabajando con nosotros cuando otra empresa puede ofrecer algo aparentemente similar?

Esa respuesta rara vez debería ser únicamente “porque somos más baratos”.

En turismo, una tarifa no cuenta toda la historia

Una operación turística puede involucrar múltiples variables.

Condiciones.

Políticas.

Disponibilidad.

Cambios.

Documentación.

Proveedores.

Traslados.

Pagos.

Asistencia.

Una tarifa que inicialmente parece atractiva puede perder gran parte de su ventaja si la operación genera más trabajo, incertidumbre o riesgo.

Por el contrario, una solución bien estructurada puede generar eficiencia para todos los involucrados.

Por eso considero que el precio debería evaluarse dentro del contexto completo de la experiencia.

No únicamente en el momento de comprar.

El conocimiento también tiene valor

En un mercado con acceso inmediato a información, podríamos pensar que conocer producto es menos importante.

Creo que ocurre lo contrario.

Hay más información disponible.

Pero también existe más necesidad de interpretarla correctamente.

¿Qué producto funciona mejor para determinado segmento?

¿Qué condiciones debemos observar?

¿Qué proveedor tiene mayor experiencia?

¿Qué alternativa puede reducir riesgos?

¿Qué producto puede resultar más fácil de vender para una agencia?

Ese conocimiento puede evitar errores.

Y evitar errores también genera valor económico.

Por eso, una empresa que conoce profundamente lo que comercializa no vende solamente un producto.

Reduce incertidumbre.

La agilidad se convirtió en parte de la propuesta comercial

Una buena oportunidad puede perderse simplemente porque la respuesta llegó tarde.

Esto es especialmente importante en turismo.

Disponibilidad, tarifas y condiciones pueden cambiar rápidamente.

Por eso, la velocidad ya no puede entenderse únicamente como una característica operativa.

También es una variable comercial.

Responder rápido.

Entregar información clara.

Facilitar una cotización.

Resolver una consulta.

Todo eso influye directamente sobre la capacidad de una agencia para cerrar una venta.

Cuando ayudamos a nuestro cliente a trabajar mejor, estamos agregando valor.

Responder cuando todo sale bien es sencillo

La verdadera prueba aparece cuando algo cambia.

Un vuelo.

Una reserva.

Una condición.

Un itinerario.

Una situación externa.

Es en estos escenarios donde una diferencia pequeña de precio puede perder importancia frente a una diferencia grande en capacidad de respuesta.

¿Existe alguien para atender?

¿Hay alternativas?

¿Se conoce el producto?

¿Existe relación con el proveedor?

¿Podemos encontrar una solución?

Estas preguntas muestran por qué el respaldo debe formar parte de cualquier propuesta de valor seria dentro del turismo.

No vendemos únicamente aquello que ocurre cuando todo funciona.

También vendemos la tranquilidad de saber qué ocurrirá cuando no sea así.

Una buena relación también reduce costos

A veces pensamos en valor únicamente desde aquello que entregamos directamente.

Pero una relación comercial sólida también genera eficiencia.

Cuando dos empresas trabajan durante años:

conocen sus procesos;

entienden sus expectativas;

existe mayor claridad;

disminuyen ciertas fricciones;

se resuelven situaciones más rápido.

Todo eso tiene impacto.

La confianza reduce el tiempo necesario para validar cada decisión desde cero.

Y ese ahorro también tiene valor.

El precio debe ser competitivo, pero no debería ser nuestra identidad

Existe una diferencia entre tener un buen precio y ser conocido únicamente por tener el precio más bajo.

Lo primero puede ser una fortaleza comercial.

Lo segundo puede convertirse en una limitación estratégica.

Porque si el mercado nos reconoce solamente por precio, cada aumento será difícil de justificar.

Cada competidor más agresivo representará una amenaza.

Y cada nueva relación comenzará principalmente alrededor de una negociación económica.

En cambio, cuando una empresa es reconocida por su servicio, conocimiento, respaldo y confiabilidad, el precio continúa siendo importante, pero deja de ser el único elemento de decisión.

Ahí comienza a construirse una posición más sostenible.

La propuesta de valor debe ser real

También debemos tener cuidado con convertir “valor” en una palabra vacía.

Decir que ofrecemos servicio.

Respaldo.

Experiencia.

Calidad.

No significa necesariamente que el mercado lo perciba.

La propuesta de valor debe demostrarse en comportamientos concretos.

¿Cuánto tardamos en responder?

¿Qué tan clara es nuestra información?

¿Cómo gestionamos un problema?

¿Qué conocimiento ofrecemos?

¿Qué herramientas facilitamos?

¿Cómo acompañamos a nuestros clientes?

¿Qué experiencia tienen después de trabajar con nosotros?

El valor no es lo que declaramos.

Es lo que el cliente experimenta.

Cada actor necesita demostrar un valor diferente

La cadena turística tiene distintos participantes y cada uno necesita responder esta conversación desde su posición.

La agencia

Debe aportar criterio, personalización, asesoría y respaldo al viajero.

El mayorista

Debe integrar producto, tecnología, conocimiento, operación y soporte para facilitar el trabajo de la agencia.

El proveedor

Debe entregar consistencia, producto relevante y condiciones claras.

Cuando todos compiten únicamente desde precio, toda la cadena pierde capacidad para diferenciarse.

Cuando cada actor aporta valor, la experiencia se fortalece.

La especialización también permite competir por valor

No todas las empresas necesitan ser las mejores en todo.

Una estrategia puede consistir precisamente en saber dónde queremos diferenciarnos.

Podemos desarrollar un conocimiento particularmente profundo de determinados productos.

Construir relaciones con ciertos destinos.

Especializarnos en determinados segmentos.

Crear procesos especialmente eficientes.

Desarrollar mejor tecnología.

Fortalecer nuestra capacidad de acompañamiento.

La especialización permite construir atributos que no son tan fáciles de comparar únicamente mediante una tarifa.

Y cuanto más difícil sea copiar nuestro valor, más sólida será nuestra posición.

El valor debe llegar hasta el viajero

En turismo B2B existe un desafío particular.

Podemos generar mucho valor para una agencia, pero finalmente parte de ese valor también debe sentirse en la experiencia del pasajero.

Una mejor respuesta permite a la agencia atender mejor.

Una buena capacitación mejora la recomendación.

Información más clara reduce errores.

Una relación sólida con proveedores facilita soluciones.

Por eso, el valor generado dentro del canal B2B termina impactando al viajero.

La cadena funciona como un sistema.

Competir por confianza

Hay un momento en toda relación comercial donde el precio deja de ser el centro de la conversación.

Ocurre cuando existe confianza.

Cuando sabemos cómo trabaja la otra parte.

Cuando conocemos su capacidad para cumplir.

Cuando hemos atravesado situaciones difíciles juntos.

Cuando entendemos que existe respaldo.

Eso no significa que dejemos de negociar.

Significa que la negociación ocurre dentro de una relación más amplia.

Y esa diferencia es importante.

Porque una relación basada únicamente en precio puede terminar mañana.

Una relación basada en valor tiene razones adicionales para continuar.

El desafío es demostrar el valor antes de que aparezca el problema

Uno de los retos de vender respaldo, experiencia o conocimiento es que muchas veces su importancia se comprende después de necesitarlos.

Por eso las empresas debemos trabajar mejor en comunicar y demostrar ese valor desde el inicio.

A través de:

contenido;

capacitación;

casos;

servicio;

procesos;

herramientas;

testimonios;

resultados;

experiencias consistentes.

No para decir simplemente que somos mejores.

Sino para permitir que el mercado comprenda cómo hacemos más fácil, segura o efectiva su operación.

El mercado siempre comparará

Eso no cambiará.

Habrá más opciones.

Más plataformas.

Más información.

Más presión competitiva.

Y probablemente mayor transparencia en precios.

Precisamente por eso, cada empresa tendrá que definir con mayor claridad dónde está su valor.

No podemos evitar que nos comparen.

Podemos trabajar para que exista más de una variable que comparar.

Precio.

Sí.

Pero también:

conocimiento.

Servicio.

Agilidad.

Tecnología.

Respaldo.

Reputación.

Confianza.

El precio abre la conversación. El valor construye la relación.

Creo que el futuro del turismo B2B exigirá empresas mucho más conscientes de esta diferencia.

Ser competitivos en precio seguirá siendo necesario.

Pero difícilmente será suficiente.

Las organizaciones más sólidas serán aquellas capaces de demostrar que trabajar con ellas genera beneficios que van más allá de una tarifa.

Menos incertidumbre.

Mejores decisiones.

Mayor velocidad.

Más conocimiento.

Mejor respaldo.

Relaciones más fuertes.

Al final, competir por valor significa responder una pregunta muy sencilla:

¿Qué hacemos para que trabajar con nosotros sea una mejor decisión, incluso cuando no somos simplemente la opción más barata?

La respuesta a esa pregunta puede convertirse en una de las ventajas competitivas más importantes de cualquier empresa.


Por: Ignacio Roca
CEO del Holding M&M